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DESPECHO

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¡Ah, qué estoy cansada! Me he reído tanto, tanto, que a mis ojos ha asomado el llanto; tanto, que este rictus que contrae mi boca es un rastro extraño de mi risa loca. Tanto, que esta intensa palidez que tengo (como en los retratos de viejo abolengo) es por la fatiga de la loca risa que en todo mi cuerpo su sopor desliza. ¡Ah, qué estoy cansada! Déjame que duerma; pues, como la angustia, la alegría enferma. ¡Qué rara ocurrencia decir que estoy triste! ¿Cuándo más alegre que ahora me viste? ¡Mentira! No tengo ni dudas, ni celos, Ni inquietud, ni angustias, ni penas, ni anhelos, Si brilla en mis ojos la humedad del llanto, es por el esfuerzo de reírme tanto. JUANA DE IBARBOURU

Lo lamento amor

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Como una sola flor desesperada

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Lo quiero con la sangre, con el hueso, con el ojo que mira y el aliento, con la frente que inclina el pensamiento, con este corazón caliente y preso, y con el sueño fatalmente obseso de este amor que me copa el sentimiento, desde la breve risa hasta el lamento, desde la herida bruja hasta su beso. Mi vida es de tu vida tributaria, ya te parezca tumulto, o solitaria, como una sola flor desesperada. Depende de él como del leño duro la orquídea, o cual la hiedra sobre el muro, que solo en él respira levantada. Juana de Ibarbouru

Iluminador de estrellas

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No puedo pedirte, ¡Oh manso Señor!, que poses una en mis manos. Iluminador de estrellas. Brillo enceguecedor para los que no saben mirar, bajas del firmamento desde el otro lado de la mar. Llegas hasta el paraíso mediterráneo en el que te canto. Haces crecer la hierba en la arena de los sueños, simiente de colores, te quedas en mi. Creo en el infinito de tus labios hechos verbo. Me pierdo en tus pupilas y se diluye el espacio-tiempo. ¡Oh manso Señor! somos uno.  Iluminador  de estrellas.

Corazón de tinta

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Un día descubrí que en mis venas corría tinta y el corazón latía al compás de cada palabra. Música. Las dulces lo calmaban,  las hirientes lo estrujaban, las violentas lo exaltaban; las tuyas del cuerpo lo desalojaban. Corazón inquieto. Engañoso espacio-tiempo, siempre estuviste a mi lado  mas nunca te vi. Hasta el preciso instante en que  corriste el velo de mis ojos y de ajna. Mi verdad camina entre las letras, cada sentimiento toma un color diferente. Tienen perfecto equilibrio para el que sabe transitar entre ellas y leer entre líneas. Son decretos que al universo canto. Hecho es. Hecho está.

Magia Negra

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¡Atadla! ¡Desnudadla! ¡Suetadle los brazos con la propia cabellera! ¡Sujetadle los puños por la espalda! ¡Cerradle el nudo con sus mismas trenzas! Machacad entretanto en el mortero hasta que polvo imperceptible sea, la antigua pasta... ¡Machacad de modo que en un polvo infernal cuaje la mezcla! Mientras esto se cumple, vieja maga, no olvides a las cómplices estrellas. Yo cuidaré del trébede maldito, donde el incienso que enbrujaste humea. Y cuando tú lo mandes, profetisa, yo mismo entre las carnes traicioneras, le marcaré el tatuaje, poco a poco, conforme al rito de la magia negra. La hechizaremos con tan grave hechizo que una roja locura la enceguezca, y con los ojos ciegos, desolada por infinito horror cruce la tierra. De modo tal que el sacrilegio horrendo que así me libra a la tieniebla eterna, sea el crimen más cruel que hayas cumplido, ¡sacerdotisa de la magia negra! Que así la amo y así por su pecado pierdo el alma...

Sombra de mujer

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Añoras la simpleza de un camino que nadie te acompaña a transitar. Criticas por doquier, hablas sin conocer escondida tras grafemas formados por ínfimos puntos de luz. Código binario. Supones tienes la verdad del cielo y el averno, envuelta en una enorme biblioteca que sólo acumula añoso polvo estelar. Coqueteas con ancestrales seres mágicos, no registran tu paso por su plano. Eres sombra, deseosa de ser luz u oscuridad, pues no te agradan los términos medios. Pretendes ser musa mas solo ocasionas la pena del escriba que te deja cual limosna una palmada en el hombro. Mujer de nadie. Solitaria consorte. Oximoron. Caos. Sombra de mujer.