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Números

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¿Y que se hace cuando llamas a ese número anotado en una agenda de hace veinte años? Ahora lleva dos números más ¿Cuántas posibilidades que se forme la exacta secuencia en la que estés? ¿Que decir, después de la formalidad del saludo, cuando contestes? ¿Cómo sacarme esta espina de la garganta? ¿Cómo encauzar el torrente de palabras no dichas en el momento adecuado? Al fin marco la última probabilidad de escuchar tu voz para que me lastime: "el numero solicitado no corresponde a un cliente en servicio."

¿Cómo olvidar lo que nunca fue?

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¿Cómo olvidar lo que nunca fue? ¿Cómo sacarte de mi pensamiento? Si me paso las noches tejiendote en sueños Este frío de saberte lejos me quema por dentro. ¿Cómo borrar tu mirada suspendida en el viento? ¿Cómo evitar el roce de tu piel al cerrar los ojos? Te busco en el sabor ahumado del último beso. En la brasa del cigarro que tiembla en mi mano. Quiero saberte mío, hacer de mi cuerpo tu templo. Que corra, agua bendita, tu amor en mi tiempo.

Aquelarre

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El aquelarre se reúne en el claro de la espesura. Siluetas se dibujan. Sombras que danzan torno al fuego Y allí, dentro de las llamas gritos desgarradores alimentan a los festejantes. Invocan el demonio de la codicia y el ultraje. Ese que reparte para sus acólitos. Los adiestra en adornar discursos con falsas promesas. En engaño e  hipocresía. Hipotecan el futuro, revuelven el trágico pasado y dibujan el miedo. Peor, promueven la ignorancia. Y felices vuelven a la cotidaneidad relamiendo sus garras después de un banquete de descuidados corderos.

Miedo

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El corazón más plano de la tierra, el corazón más seco, me mostró su ternura. y yo tuve vergüenza de la mía. Tuve vergüenza de los himnos largos, de las constelaciones derramadas, de los gestos nupciales y espumosos, de las escarapelas del amor, de los amaneceres desplomados. Y también tuve miedo. Miedo de las palabras que no cantan, miedo de las imágenes que sobran cuando tanto ser falta, miedo de los roedores que se baten en la iglesia vacía, miedo de las habitaciones bautismales que se llenan de águilas. El corazón más plano de la tierra me hizo aprender el salto en el abismo de una sola mirada. ROBERTO JUARROZ

Casa

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Cuando no vas a tener más tu refugio en el mundo, tu remanso. El castillo infranqueable ni la bruja buena del cuento que te enseña todo de la vida. Cuando se va tu niña y queres que se quede. Cuando te duele el alma y sos sólo una sombra de lo que fuiste. En ese instante exacto del tiempo en el que quisieras volver al vientre materno para vivir todo de nuevo con más detalle para no olvidar nada. Porque no es sólo una casa que se va a albergar otra familia, no es algo material. Es la vida y la sabiduría. La lucha, el sacrificio en cada ladrillo. Sueños muchos sueños y amor, sobre todo amor.

Revolución

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Y todo lo conquistado por ellos, los que no están se disipa en la bruma. El río no es brillante, solo un nombre para una cuenca. La palabra no tiene valor, es la vacuidad de hombres sin tiempo, sin memoria calentando una banca. El poder es de los que se arrastran por más dinero. Cambian su piel mas pertenecen a la misma deplorable especie. La que sólo se preocupa por el mundo y no ven más allá de su feudo. No entienden el valor de lo trascendente. Los que llegan al borde de esta vida, transitan un camino vallado que conduce al olvido y la miseria. Se pierde el sentido, se olvida lo importante. La violencia se adueña de la lucha y tapa los ojos de los borregos que siguen en el corral esperando la esquila. Se escuchan dos campanas y pocos imprescindibles son capaces de abstraerse y analizar desde la justicia para todos la mejor solución. Tristeza. Rabia. Impotencia. Revolución.

León

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Todo transcurria más lento a tu lado llevabas la tranquilidad del buen andar Dejabas tu corazón expuesto con miedo a que se abriera en tu pecho la herida que dormía bajo su costura. Contabas de reyes y de guerras, de pactos y tratados. Demostrabas la pasión de enseñar al que escuchara la historia del mundo. Con cariño me enseñaste el cielo serrano. Apoye mi cabeza en tu hombro y rodeaste con tus brazos mi cintura. Nos besamos y encontré en tus labios los silencios y las pausas; la dulzura. Tuve miedo, lo confieso, de amarte y no llegar a la altura de tu entrega. Te deje al costado del camino. Me arrepiento de mi cobardía, de no poder retroceder calendarios y volver a ese día.