"La devoradora noche concluye. Se abrió una puerta como una presencia en la que deje de ser límite, el absurdo cuerpo encerrado. Ahora soy tú (me siento dos) somos uno mismo, atraídos por un secreto que nos ama y que nos junta. En silencio fundidos, amando, saberse amado. Costó aceptar querer ser de otro, saberse de otro y que el otro quiera ser tú al perder el yo. Y es que al mirarme te miras, al amarme te amas, al acariciarte me acaricio y al besarme te besas. Todo es piel redonda, un solo ser que ama por lo invisible y queda libre de cualquier atadura al entregarse el yo. No puedo respirar sino el aliento de tus venas, no puedes mover tu sangre sin mis latidos, somos una misma llama que alumbra los pasos. Ando la tierra, soy al verte en los utensilios que toco, en la lluvia, en el aroma, en el abrazo de los que se encuentran. Yo era sola, mi voz no tenía cauce ni memoria. Ahora sé que alguien me escucha desde su profunda fuente y comprendo a quien me dice desde lo claro de...