EL BOSQUE ENCANTADO


Tres mujeres vestidas de negro alrededor de una marmita capaz de albergar el cuerpo de un hombre, mueven el destino y guisan los conjuros amparadas por la oscuridad y la niebla.



Esperan al viajero que pasa sin saber a dónde ir.


Ellas no le indicarán el camino que ha de seguir para llegar al próximo poblado, pero sí le revelarán cuál será su sendero en la vida. El viajero se perderá de nuevo por los andurriales del bosque cuando vea cómo las tres mujeres y su marmita desaparecen tras un grueso manto de niebla. Sus gritos no tendrán respuesta, la suerte está echada. Al otro día, cuando despierte con los primeros rayos del sol celta, el viajero no sabrá si ha soñado con las tres mujeres, o si las ha visto de verdad. Entonces, disipadas en las sombras, encontrará el camino que baja al poblado, recordando los vaticinios y las sentencias que escuchara detrás de la marmita.


El viajero puede ser un caballero perdido después de la batalla, un peregrino que sigue la ruta de Santiago, un montañero al que le ha ganado la noche, o cualquier otro que se haya internado en los bosques mágicos de los celtas, por donde los druidas y las druidesas regaron las plantas maravillosas que todo lo pueden, incluso cambiar la espiral sin fin del tiempo y llevar al viajero a otras dimensiones, a otras épocas.


Por el laberinto del bosque también pasa la Santa Compaña, llevando en su marcha el alma del próximo muerto. La Santa Compaña lleva unas teas de fuego sempiterno para iluminar el camino que va de la vida al más allá. La Santa Compaña pasa y se pierde, pero desde antes que las teas sean visibles para el ojo humano su marcha se siente sobre la tierra. Cuando la Santa Compaña pase ante ti, no hables, no te muevas; respeta su paso en silencio si no quieres hacerles compañía. Reza si eres creyente y sé humilde si eres ateo, pero manténte a un lado porque las cosas sobrenaturales no respetan la lógica ni las creencias y barren con todo lo que se pone enfrente. Los inocentes y los sensibles pueden ver claramente a la Santa Compaña en las noches del bosque gallego, escoltando el alma de un vivo que pronto pasará a la otra vida, pero también los insensibles y los retorcidos pueden tropezarse, por casualidades de destino, con el fúnebre cortejo. Nadie está a salvo de su propio duelo.


Cuando el bosque mágico se rompe al abrazo del mar, las grutas y cuevas de este romance ululan canciones. Son las voces de las sirenas, de las almas, del futuro, de lo sobrenatural. Entre ese mar bravo y el bosque existe una relación que se convierte, al oído del viajero, en el puente que comunica los orígenes de la tierra existente con la tierra que fue. Desde esos acantilados partieron los habitantes mágicos del bosque, y hasta esos acantilados llegaron los hombres sabios que vivían en medio del océano.


EXCELENTE MIERCOLES Y BUENA FORTUNA ☺

GABRIELA♥

 
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