Y la sangre llego al río...

El día que murió Cortázar Buenos Aires se llenó de mariposas y yo me animaría decir que algo pasó en mí con mis recién cumplidos 2 años. Creo que las mariposas también pasaron por Córdoba y se quedaron a vivir en mi loca cabeza. Sino como explicar que me encuentre aquí sentada un domingo a las 13:20 hs. Creo que es una buena forma de hacer catarsis aunque preferiría un bolígrafo a este viejo ordenador que anda a leña (a mí no me regalaron una netbook) lo que no es bueno ya que contribuye al asqueroso efecto invernadero.

Y he aquí que llegamos al por qué del título de esta causalidad. Si señoras y señores la sangre ha llegado al río, al aire, a la tierra y un fuego pestilente nos consume. Hace años que se nos viene advirtiendo que el planeta azul llora por nuestras negras almas y los desechos que van dejando a su paso, ¡y no se nos mueve un pelo por así escribirlo! Hoy terremotos, inundaciones, sequías, erupciones volcánicas nos dicen ¡basta! Esperemos que no sea demasiado tarde, no para nosotros sino, para nuestros hijos. ¿Este es el mundo que le queremos dejar?

Devastamos bosques por ambición, extraemos de la tierra minerales que hacen cada día más ricos a los demonios de traje mientras a dos kilómetros de esa extracción se está muriendo todo: las cuencas acuíferas y por ende la vegetación, animales y la misma pachamama. Ya no alcanza con llevarle un gran pañuelo a nuestro planeta. La solución es parar de contaminar a partir de este momento. Y no me refiero a cortar ninguna calle o ruta. El cambio empieza por cada uno a partir de ahora.

Listos, en sus marcas, ¡ya!


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